Ser humano exige ver lo perecedero y el mismo perecimiento como elementos de nuestra propia condición.
La carencia de escuelas, la falta de buena fe en los párrocos, y la depravación manifiesta de los pocos que comercian con la ignorancia y la consiguiente sumisión de las masas, alejan, cada día más, a aquellos pueblos de la verdadera civilización que, cimentada, agregaría al país secciones importantes con elementos tendientes a su mayor engrandecimiento.
Después del egoísmo la principal causa de una vida insatisfactoria es la carencia de la cultura intelectual.