El hombre moderno es un árbol desarraigado. Su angustia le viene de que le duelen las raíces.
El único camino que nos queda es el de acercarnos al conocimiento moderno con una actitud respetuosa e independiente y el de apreciar las enseñanzas del Islam en la luz de ese conocimiento, aun si llegamos a conclusiones diferentes de nuestros predecesores.