El amor, después de todo, no es sino una curiosidad superior, un apetito de lo desconocido que te empuja a la tormenta, a pecho abierto y con la cabeza adelante.
En general he pintado sólo a gente a la que conozco lo bastante bien como para capturar su luz, su esencia; todos los niveles de su personalidad. Pinto basándome en el conocimiento del otro y estoy abierto a las reacciones de la gente. Cuanto más conoces al que tienes enfrente, más interesante es el dibujo.