Muchos científicos admiten en privado que la ciencia no es capaz de explicar el origen de la vida. Darwin jamás se imaginó la inmensa complejidad que existe incluso en los niveles más básicos de la vida.
Él (Dios que prohibió a Adán y a Eva comer los frutos del árbol de la ciencia) quería, pues, que el hombre, privado de toda conciencia de sí mismo, fuera por siempre una bestia eterna, en cuatro patas ante dios viviente, su creador y su amo.