La prontitud devota de nuestro espíritu y crianza, la poca detención en el conocimiento de nuestra máquina corporal y la mucha miseria de nuestra filosofía, nos arroja a empujar hacia la banda de los milagros infinitos sucesos que tienen su derivación de la naturaleza solamente.
Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos sensata.
Mi padre era lo suficientemente inteligente para alentar a sus hijos a que encontraran su propio genio y sus propias maneras de aprender. Él sabía que cada uno de sus hijos era diferente, que tenían genios diferentes y que aprendían de manera diferente...Aunque todos proveníamos de los mismos padres.
Saber es alentar con los ojos abiertos. ¿Dudar? Quien duda existe. Sólo morir es ciencia