Deseaban verlo, tenerlo, y también deseaban sentir su ausencia, la tristeza de no poder hablarle, y el vuelco jubiloso en el corazón al verle aparecer de nuevo.
¡Alabad el árbol que desde la carroña sube jubiloso hacia el cielo!
Con alegre canto el ruiseñor llama a sus paternos.
El demonio no puede resistir a la gente alegre