Cuando se es joven, es fácil sentirse molesto y protestar por muchas cosas, pero luego uno se da cuenta de que si uno logra controlarse causa menos problemas.
Cuando dirigimos nuestros pensamientos correctamente podemos controlar nuestras emociones.
Cualquier estado forzado a dedicar muchas de sus energías en controlar física y psicológicamente a millones de sus propios súbditos, no podría sobrevivir indefinidamente.