El azote, hijo mío, se inventó para castigar afrentando al racional y para avivar la pereza del bruto que carece de razón; pero no para el niño decente y de vergüenza que sabe lo que le importa hacer y lo que nunca debe ejecutar, no amedrentado por el rigor del castigo, sino obligado por la persuasión de la doctrina y el convencimiento de su propio interés.
Los antiguos crearon fronteras entre lo racional y lo irracional, lo animal y lo vegetal, lo vivo y lo inerte; pero hoy no sabemos dónde está la diferencia... Cuanto más sabemos, menos fronteras quedan.
Una idea no asociada a una acción nunca será más grande que la célula cerebral que ocupaba
Pronto me convencí... que toda teorización sería un ejercicio cerebral vacío y por lo tanto una pérdida de tiempo a menos que uno primero compruebe en qué consisten realmente los objetos que pueblan el universo, cómo interactúan sus miembros y cómo se distribuyen por el espacio cósmico.