Todo lo que quería era un lugar tranquilo en el campo, donde escribir y pasear.
En ninguna parte puede encontrar el hombre un retiro más tránquilo y menos agitado que en su propia alma.
Cuando la estafa es enorme ya toma un nombre decente
El azote, hijo mío, se inventó para castigar afrentando al racional y para avivar la pereza del bruto que carece de razón; pero no para el niño decente y de vergüenza que sabe lo que le importa hacer y lo que nunca debe ejecutar, no amedrentado por el rigor del castigo, sino obligado por la persuasión de la doctrina y el convencimiento de su propio interés.
Sólo el amor resistirá alimentando silencioso la lampara encendida, el canto anudado a la garganta, la poesía en la caricia del cuerpo abandonado.
Las lágrimas son el lenguaje silencioso del dolor.