Yo admiraba a Sartre por una gran parte de su obra, pero tenía mis dudas acerca de la perennidad de sus escritos filosóficos en los que invención, creación e imaginación cedían el puesto al discurso más convencional de la cultura universitaria.
En el proceso hemos perdido de vista una de las máximas leyes de la guerra de guerrillas: la guerrilla gana si no pierde. El ejército convencional pierde si no gana.