El hombre que se complace en afligir a otro su semejante no puede menos que tener un alma ruín y un corazón protervo.
Quien es ruin se destruye solo
El hombre avaricioso está lleno de temores, y quien vive con temor será siempre un siervo.
¡Qué mezquino el corazón que no sabe amar! Si no estás enamorado, ¿cómo puedes gozar con la deslumbrante luz del sol o la suave claridad de la luna?
Solo aquél que esté convencido de que no se desintegrará aunque el mundo, desde su punto de vista, sea demasiado estúpido o demasiado mezquino para merecer lo que él pretende ofrecerle, sólo aquel que sea capaz de decir ¡A pesar de todo!; tiene vocación política.