No, no aparta a dos almas amadoras adverso caso ni cruel porfía: nunca mengua el amor ni se desvía, y es uno y sin mudanza a todas horas.
Toda traducción sería imposible si es que su esencia última consistiera en buscar una mera semejanza con respecto al original. Pues éste cambia en su supervivencia que no podría recibir su nombre si no fuera mudanza y renovación de algo vivo. Las palabras escritas nunca terminan su maduración.
En el Japón somos los herederos de una tradición cultural y de una filosofía agraria, que incluye la naturaleza y el cambio de estación. Quizá sea debido a esto que no somos un pueblo precipitado
Del cambio y por definición se alimenta la vida, en cada temporada nos deshacemos de guerras, mujeres y automóviles nuevos.