La vida no es sueño. El más vigoroso tacto espiritual es la necesidad de persistencia en una forma u otra. El anhelo de extenderse en tiempo y en espacio.
Teniendo respeto y reverencia por la vida, entramos en una relación espiritual con el mundo.
No es nada evidente que lo sobrenatural haga el mundo más cómodo. Por el contrario, un mundo religioso es con frecuencia más aterrador que un mundo sin religión
Cuesta vivir como buen religioso pero la gracia de Dios lo suaviza todo