Aunque los hombres se vanaglorian de sus grandes obras, frecuentemente no son estas el resultado de un noble propósito, sino efecto del azar
La muerte, que es una causa de terror para el pecador, es un momento de bendición para aquel que ha caminado por el sendero recto, cumpliendo plenamente sus deberes durante el tránsito por la vida, rezando las oraciones de la mañana y de la noche, aproximándose frecuentemente a la sagrada eucaristía, y realizando obras buenas y misericordiosas.