Hay muchos escritos en los que no queda -como el espectáculo que ofrece un riachuelo bañando de agua clara los pequeños guijarros- sino el recuerdo de las palabras que se escaparon.
Cierro los bares, se me abre la imaginación, cierro los ojos y el recuerdo me mata, vuelvo a la vida si te abres bien de patas.