Sobre esta tierra quién tendrá piedad de nosotros. Míseros, no tenemos un Dios ante quien postrarnos, y toda nuestra pobre vida llora. ¿Ante quién me postraré, a quién hablaré de mis espinos y de mis zarzas duras, de este dolor que surgió en la tarde ardiente y que aún es en mí?
Fui pobre dos veces, en español, cuando vivía en Panamá y en Inglés cuando llegué a los Estados Unidos, fui un pobre bilingüe