Tanto el creyente como el no creyente son seres humanos. Debemos tenernos un gran respeto.
El hecho de que un creyente pueda ser más feliz que un escéptico es tan cierto como decir que el borracho es más feliz que el hombre sobrio.
La patria de un cristiano no es de este mundo.
El cristiano considera el cristianismo como lo que nunca fue: como el mensaje de Jesús