Es muy interesante ver que mucha gente en el mundo islámico reclama que el Papa pida perdón, pero no se oye a ningún musulmán que me pida perdón por conquistar España y estar allí ocho siglos.
Me gustaría disculparme, retractarme y fustigarme a mí mismo públicamente hasta obtener el perdón de las personas a las que de manera involuntaria hubiese o hubiera podido ofender a través de mi personaje Torrente, un ser despreciable, mezquino, mal cristiano, mala persona, guarro, zafio y grasiento, con el que, insisto, una vez más, no comparto ninguna de sus opiniones o visiones del mundo.