Cuando me siento observado por el objetivo, todo cambia: me constituyo en el acto de posar, me fabrico instantáneamente otro cuerpo, me transformo por adelantado en imagen.
Me odian porque me he adelantado con la chaqueta que ellos pensaban ponerse.
Lo malo de ser puntual es que llega uno a un lugar y no hay nadie allí para apreciarlo.
Es muy puntual el diablo.