En el amor, la constancia es necesaria; la fidelidad, es un lujo.
La constancia es la virtud por la que todas las cosas dan su fruto.
Así, el verdadero espíritu positivo consiste, ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que es, a fin de concluir de ello lo que será, según el dogma general de la invariabilidad de las leyes naturales