... si ve que algo redunda en perjucio del suyo, no puede cunplirlo sin faltar a la fidelidad prometida a los súbditos, que es su máxima obligación,...
Es preciso que tú y yo tomemos la resolución de no faltar nunca a la oración diaria. Digo: diaria, hijas mías, pero si pudiese, diría: no la dejemos nunca
El individuo es como la ola que se levanta en la superficie del agua. No puede separarse de ella completamente. Y vuelve a caer rápidamente en la masa solidaria, que se la traga. Vuelve a caer una y otra vez continuamente con el movimiento irresistible de la marea que la arrastra. Pero ¿Por qué no levantarse una vez, y otra vez, y otra vez?
En esta vida lo más importante no es caerse, sino levantarse con más fuerza.