La naturaleza inspira al fuerte para que robe al débil y se enriquezca, y al débil, para que robe al fuerte y se iguale a él.
La sociedad es inevitable como la muerte. En el plano material, nuestra potencia es débil contra tales límites. Pero el sabio destruye en sí mismo el respeto y el temor a la sociedad, como hace con el temor a la muerte. Es indiferente a la forma política y social del medio en que vive como es indiferente a la clase de muerte que le espera.