Os amo, gentes del pueblo llano, de mis raíces, campo pegujalero de mi sangre, árbol de luz y fruto de mi llanto. Y me callo, falto y sin verbo adecuado para rezarlo, hermanos.
¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad? ¿Qué derrotó a la utopía?