Gertrude Stein fue magistral en hacer que nada pase muy lentamente.
¿Por qué razón el hombre se vanagloria de poseer una sensibilidad superior a la del bruto? Si nuestros impulsos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres; pero nos conmueve la más ligera brisa, y tan sólo una palabra o la imagen que ésta despierta en nosotros, inquieta nuestro espíritu.
No nos hacemos libres por negarnos a aceptar nada superior a nosostros, sino por aceptar lo que está realmente por encima de nostros.