En un partido revolucionario, debe combinarse la dosis necesaria de conservatismo con la ausencia total de rutina; la flexibilidad de orientación y la audacia en la acción.
Los regímenes democráticos se nutren en verdad del cambio constante. Son flexibles, inquietos y, por eso mismo, el hombre de esos regímenes debe tener mayor flexibilidad de conciencia.
La libertad es por tanto un gran bien, la tolerancia una gran virtud y la uniformidad una gran desdicha.
La tolerancia y la paciencia son mucho más profundas y efectivas que la mera indiferencia