Los cordero van al matadero. No se dicen nada ni esperan nada. Pero al menos no votan por el matarife que los sacrificará ni por el burgués que se los comerá. Más bestia que las bestias, más cordero que los cordero, el elector designa a su matarife y elige a su burgués. Ha hecho revoluciones para conquistar ese derecho
No me mataréis como un cordero sólo moriré donde yo quiero.
Anhelaba las aguas profundas. Me presionaron hasta convertirme en una modosa sardina conformista cuya espina dorsal fue pareciéndose a la de las otras, suave y lacia como un aborto de lombriz.
Yo soy un tipo a quien podía llamársele no conformista apacible.