Su vida estaba hecha de ruinas encadenadas sin variantes, salvo aquellas marcadas por las estaciones. Sólo existía trabajo y cansancio para ella.
Recuerdo la primera vez que tuve que irme a dormir. Mi mamá me dijo: Steven, hora de ir a dormir, yo le dije Pero no se cómo. Ella dijo, Es muy sencillo, caminas hasta el final del cansancio y después doblas a la izquierda. Así que fui hasta el final de cansancio y sólo por curiosidad giré a la derecha. Mi madre estaba allí, y me dijo: ¿No te dije que te fueras a dormir?
Esa incertidumbre relativa sobre el acontecer histórico futuro quiebra el marco rígido e inflexible de las predicciones necesarias para abrirnos un horizonte de alternativas y de posibilidades quizás prometedoras. Pero ese horizonte adolece de una debilidad inevitable: su irreparable precariedad
La fuerza del carácter con frecuencia no es más que debilidad de sentimientos.
Escribir sobre la melancolía solo tendría sentido para aquellos a quienes la melancolía satura o si el escrito viniera de la melancolía. Trato de hablarles de un agobio de tristeza, de un dolor intransmisible que nos absorbe a veces, y a menudo, perdurablemente, al punto de hacernos perder el gusto por toda palabra, por todo acto, el gusto mismo por la vida.
Los cuentos bonitos siempre hacen perder la noción del tiempo y, gracias a ellos, nos salvamos del agobio de lo práctico El Cuarto de Atrás.