Descubrió que había actuado como un bárbaro, como una bestia. Había luchado como un pagano en defensa de su fe.
Así, en la tragedia, el pagano comprende que es mejor que sus dioses, y justamente tal conocimiento lo deja enmudecido, sin palabras.
El ateo es un mal conductor del género humano.
El panteísta es un ateo disfrazado de Dios mismo.