Sé flexible como un junco, no tieso como un ciprés
¿Quién podría ser tan arrogante como para saber cuáles son los actos que se unen y sostienen mutuamente y cuáles los que caerán en el ridículo y en el olvido fuera de lo que merece llamarse un patrimonio? En vez de insistir en esto, más vale que nos impongamos la única norma importante: mantenernos libres de tristeza y de indiferencia.
Busca el arrogante la sabiduría pero en vano, al inteligente la ciencia le es fácil.