Toda palabra dicha despierta una idea contraria.
¡Escúcheme, hombre de corazón duro! ¡Escúcheme, orgulloso, severo y cruel! ¡Habría podido salvarme y devolverme la dicha y la virtud, pero no quiso! Usted es el destructor de mi alma, mi asesino, ¡Que caiga sobre usted la maldición de mi muerte y la de mi hijo aún no nacido!
No es necesaria la fortuna para sólo subsistir.
...la composición se disuelve, la complexión se cambia, la figura se muda, el ser se altera, la fortuna varía, permaneciendo siempre los elementos lo que son en sustancia y perseverando el principio material único (que es la verdadera sustancia de las cosas, eterna, ingenerable, incorruptible) en aquello mismo que fue siempre.