Qué terrible es gritar te amo y que la otra persona en el otro extremo grite ¿qué?
Porque aquí, en la tumba, era donde vivía de verdad, es decir, pasaba sentado más de veinte horas diarias sobre la manta de caballerías en una oscuridad total, un silencio total y una inmovilidad total, en el extremo del pétreo pasillo, con la espalda apoyada contra la piedra y los hombros embutidos entre las rocas, por completo autosuficiente.
Nacemos con lágrimas, entre lágrimas transcurre nuestra vida y con lágrimas cerramos nuestro último día
Pero el día en que el último de ellos se te vaya a vivir al País de los Trastos Viejos y te abandone aquí. Yo sí, yo seguiré sirviéndote... lo que me quede de vida Tu Nuevo Humidificador